La gente q trabaja para nosotros es la q tiene q embrutecerse con el vino y atragantarse con el pan, saciar sus deseos, necesidades e insatisfacción con nuestros productos, los alimentos q por derecho le pertenecen le deben ser ajenos, y ante todo debe de olvidarse de su cualidad humana para desconocer su origen su raíz, la meta y el sentido de sus días. Su vida nos pertenece, en medio de ellos y nosotros existe el dinero y un sistema de intercambio disfrazado de oveja, suntuosidad, ocio, flojera, dudas innecesarias, absurdas intelectualidades q permiten la somnolencia de los sentidos, la fe errabunda en la prosperidad presente indistinguible y olvidada.
Ellos han olvidado el sentido de sus días, de su origen y cuando lo vislumbran se atreven a dar la vida, propia u ajena por recuperarlo, asirlo, mantenerlo eternamente efímero e intangible para q continúe el éxtasis de tenerlo sentirlo y perderse con el sin más motivación q dejarse lado lo q han sido y desconocen.
Las masas con fé, como mercancía gratuita adhiere y reúne a los desquiciados de sentido en una sola esfinge q mueve nuestro reino, nuestra arca a buen puerto.
